Enchiladas, gazpacho y hamburguesas en la intimidad de la cocina de los Bush

Fotografía cedida por The White House Historical Association donde aparece el cocinero Matthew Wendel (2i) mientras sostiene un plato antes los aplausos de la familia Bush durante una cena del Día de Acción de Gracias en su rancho en Crawford, y que forma parte del libro "Recipes from the President's Ranch. Food people like to eat". EFE/The White House Historical Association

Washington, 5 oct (EFE).- Lejos de la pomposidad de la Casa Blanca, cuando los Bush se alojaban en su rancho de Crawford y en Camp David, los menús de la entonces pareja presidencial estadounidense (2001-2009) apostaban por comida casera, cuyo cocinero ha recopilado ahora en un libro de recetas.

Fotografía cedida por The White House Historical Association donde aparece el cocinero Matthew Wendel (d) mientras posa con el expresidente de Estados Unidos George W. Bush y la primera dama Laura Bush y que forma parte del libro "Recipes from the President's Ranch. Food people like to eat". EFE/The White House Historical Association

«Recipes from the President’s Ranch. Food people like to eat» es tanto un recetario como una memoria del tiempo que Matthew Wendel pasó con George W. y con Laura Bush cuando llegaron al poder y, antes, cuando el exmandatario republicano fue gobernador de Texas.

Fotografía cedida por The White House Historical Association donde aparece el cocinero Matthew Wendel mientras prepara la mesa junto a Jenna Bush para una cena del primer ministro de Dinamarca en el rancho de Crawford, y que forma parte del libro "Recipes from the President's Ranch. Food people like to eat". EFE/The White House Historical Association

En total, 14 años que dieron acceso al cocinero a encuentros con los principales líderes del mundo en un ambiente más relajado que reunía en torno a la mesa desde a monarcas como Juan Carlos I y Sofía de España a primeros ministros como el británico Tony Blair (1997-2007), que fue allí con sus hijos pequeños.

En el menú, enchiladas, pollo frito, gazpacho o hamburguesa con queso, un clásico que gustaba a todas las nacionalidades y apto en esas cocinas para todas las ocasiones, desde la tradicional cena de Acción de Gracias hasta tardes tranquilas al margen de todo protocolo.

«No crecieron comiendo comida glamurosa, sino comida como cualquier otra persona, y esa era la que les resultaba reconfortante. Platos sencillos, sabrosos y frescos. Eso es lo que intentaba hacer», cuenta a Efe Wendel.

Él, sexto de nueve hermanos y nativo de Danbury, un pueblo de Texas, no estudió cocina, pero su madre lo acercó desde pequeño a los fogones: «Nos enseñó a cocinar porque decía que nunca pasaríamos hambre ni estaríamos sin trabajo si sabíamos hacerlo».

Su buen hacer en la empresa de cátering contratada en la casa del entonces gobernador le hizo ganarse la confianza de los Bush y cuando este ganó las elecciones en noviembre del año 2000 se lo llevó a Washington, aunque en la Casa Blanca no ejercía de chef porque estaba al frente solo de las comidas en el retiro presidencial de Camp David y en el familiar de Crawford, en Texas.

El plato favorito de George W. Bush, recuerda, era «el postre»: «Solía ir a la cocina y decir ‘¿Qué hay de postre?’ Nunca preguntaba por la cena. Siempre digo que comía muy rápido para llegar rápido al postre».

COMIDA SIN VETOS

No había ningún ingrediente prohibido. A George Bush padre, presidente de 1989 a 1993, no le gustaba el brócoli, pero con el hijo y su familia no había restricciones.

«Vigilaba su dieta, pero también entrenaba mucho. Al principio corría y después empezó a ir en bici. La cogía cada día, salía a cortar madera… Siempre estaba activo. Yo intentaba cocinar lo más saludable posible, pero ¿cómo puedes hacer una hamburguesa con queso saludable? ¿Qué sentido tiene?», bromea.

En el libro no faltan los rollitos de canela, una versión adaptada de la receta que hacía su madre, así como las galletas de chocolate que siempre había recién horneadas o el pastel de melocotón cuya elaboración le dio Laura Bush y que apenas lleva esa fruta, azúcar, huevos, nata y hojaldre.

La ex primera dama cuidaba de todos los detalles, asegura, y en las comidas con invitados ilustres incluía en la mesa algún regalo que el comensal les hubiera hecho, ya fuera un jarrón o una fuente.

DIPLOMACIA GASTRONÓMICA

La diplomacia también se ejercía a través de la comida. «Prácticamente ningún líder internacional tiene reuniones en las que no haya comida involucrada. A todo el mundo le gusta comer y cierta comida te lleva a la infancia o te hace tomar algo que no has comido en años. Estrechas lazos y haces amistades en torno a la comida».

Wendel no excedía sus límites como cocinero, pero no era raro que lo llamaran a la mesa para reconocerle el esfuerzo. La excanciller alemana Angela Merkel se interesó por el funcionamiento de su parrilla, como atestigua una de las fotos incluidas; y los ahora reyes eméritos españoles disfrutaron en 2004 de una «auténtica» cena de Acción de Gracias, con pavo y verduras salteadas con nueces y manzanas.

El cocinero, que no chef, según precisa en su libro, ejerce ahora como mánager general en la Blair House, la residencia oficial en Washington para los invitados de la Presidencia, ocupada ahora por el demócrata Joe Biden.

«Me guardo mis opiniones políticas para mí. Y especialmente aquí en la Blair House, estoy para servir al presidente, independientemente de quien sea, demócrata o republicano», concluye Wendel, que se define como no partidista y para quien con esos trabajos asegura que le ha tocado «la lotería de la vida».

Marta Garde