Mercedes Manzano, Colegio Albanta: «Me encanta ver el cambio en mis alumnas y cómo hablan de micromachismos»

Mercedes Manzano Colegio Albanta Fuenlabrada
Mercedes Manzano Torre, Jefa de Estudios de la ESO del Colegio Albanta de Fuenlabrada

Siguiendo con nuestro especial entrevistas en torno al Día Internacional de la Mujer, nos reunimos con Mercedes Manzano, Jefa de Estudios de la ESO del Colegio Albanta de Fuenlabrada.

Buenos días, Mercedes. Además del tema principal que nos trae, la igualdad de género, resulta inevitable hablar de la crisis del covid-19. Cuéntanos, ¿cómo estáis llevando en el Colegio Albanta estas circunstancias? ¿Ha sido muy difícil la adaptación?

El otro día reflexionaba con los alumnos más mayores sobre esto y, la verdad, no lo estamos haciendo tan mal. No hay tantos contagios en los centros educativos. Estuvimos reflexionando sobre las medidas que más están funcionando: “La distancia social no, profe”, me decían, y es verdad. Por la mañana, antes de entrar al colegio, están todos pegados en la acera. Con sus mascarillas, sí, pero pegados como buenos adolescentes que son. Abrimos la puerta en intervalos de quince minutos para escalar la entrada, además de ponerles gel en las manos y tomarles la temperatura. Pues muchos apuran la entrada al máximo y cuando les preguntas por qué te dicen: “es que si entramos no nos dejas estar juntos”. Son adolescentes pero inteligentes y, claro, saben que no pertenecen al mismo grupo burbuja. Los patios los tenemos completamente parcelados, pero luego tienen asignaturas optativas y se mezclan. Salen por las tardes o el fin de semana y se mezclan. Entonces, la distancia social y los grupos burbuja no funcionan.

«Lo que verdaderamente está funcionando es el buen uso de las mascarillas, la ventilación y el gel»

A mí me parece que lo que verdaderamente está funcionando es el buen uso de las mascarillas. Es un primor ver a los alumnos más pequeños que se están diciendo: “Marcos, súbete la mascarilla que se te ve la nariz”. Se lo dicen entre ellos. Entonces, es el buen uso de las mascarillas, la ventilación —porque todas las puertas y ventanas están siempre abiertas en el colegio— y el gel, con el que estamos ya casi obsesionados. Se ponen gel siempre que entran o salen de clase, si se suenan la nariz, si se toca la mascarilla para beber agua… Entonces, para mí, esto es lo que realmente está consiguiendo tan buenos resultados en el colegio.

8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. ¿Qué significa para ti esta fecha?

Llevo toda la vida hablando de este tema y estoy deseando que no sea necesario seguir hablando de ello, pero tengo clarísimo que la igualdad es algo por lo que hay que seguir peleando, algo que no está conseguido. De todas formas, me encanta ver el cambio en mis alumnas y cómo hablan de micromachismos, que es algo que no se había hablado nunca. Eran tan gordos los macromachismos que no podíamos centrarnos en lo micro. Entonces, ellas lo dicen y las veo mucho más empoderadas —a las niñas en general— cuando se habla del tema. Pero tampoco veo cambios significativos.

«Antes, eran tan gordos los macromachismos que no podíamos centrarnos en lo micro»

Sin ir más lejos, hay un tema que me preocupa mucho y es el de los patios de los colegios: el 90% del patio del colegio sigue estando ocupado por los varones. Concretamente, por los varones a los que les gustan los deportes de pelota, fundamentalmente fútbol y baloncesto. Se hacen con el espacio y las chicas siguen estando exactamente igual que hace treinta años: alrededor del patio, en el espacio marginal. Tengo muy claro que no me quiero ir del equipo directivo del colegio sin pegarle un “meneo” a esto.

Me parece que es la siguiente tarea: tenemos que ocupar el espacio. Y, para ello, tenemos que preparar los espacios para que se puedan desarrollar también actividades que les gusten a las chicas. A las chicas les encanta bailar, nos encanta hablar… pero no hay un espacio en el patio para hacer eso. ¿Por qué es menos importante que el fútbol? Pues vamos a construir un ágora para hablar. Esa es la tarea que tenemos como docentes: empezar a crear espacios para las chicas.

Mercedes Manzano Colegio Albanta Fuenlabrada
Mercedes Manzano, Jefa de Estudios del Colegio Albanta, con José Manuel Roldán, CEO y Editor de vivir Ediciones, y Sofía Jiménez, Coordinadora de vivir Ediciones

Hablando de los cambios que se han producido, en tu experiencia personal y docente, ¿cómo dirías que ha evolucionado la posición de la mujer en los últimos años?

Las mujeres hemos perdido el miedo a gritar, a salir a la calle, a decir basta. A decir que estamos hartas: de la brecha salarial, de los techos de cristal, de los macro o micromachismos… Estamos hartas. He visto muchísima evolución, sobre todo en los últimos diez años en los que las chicas jóvenes han empezado a salir también a gritar. De repente, han venido en tropel las universitarias, las chicas de los institutos… Es algo que he notado y muy para bien.

Uno de los principales obstáculos a los que se enfrentan las mujeres en el desarrollo de su carrera profesional es el tema de la conciliación. En tu caso, ¿ha supuesto una dificultad? ¿Qué medidas se podrían tomar para mejorar esta situación?

Lo que pasa en mi caso es que llevo con mi pareja más de treinta años y ni siquiera nos hemos casado. Entonces, claro, mi pareja no podría ser machista porque, si no, yo no estaría con él. Mi chico es una maravilla de la huerta Murciana y hace de todo: compra, cocina, lava, ha preparado biberones, ha limpiado pañales… Pues como yo.

A veces, me da la sensación de que las mujeres más jóvenes se están relajando. Igual es que nosotras hemos sido más cañeras porque veníamos de una situación tan asfixiante que ha sido así como hemos salido. Pero, a lo mejor, las mujeres más jóvenes se están dejando comer el terreno, están asumiendo cosas que me parecen volver un poco para atrás.

«Las mujeres hemos perdido el miedo a gritar, a salir a la calle a decir basta»

Luego, en el ámbito laboral, en nuestro caso somos una cooperativa de la que soy socia fundadora. Empezó cuando estábamos en la facultad de pedagogía y nos mandaron hacer un trabajo en el que inventamos esta cooperativa y que terminamos haciendo realidad. Éramos 21 personas, fundamentalmente mujeres: 7 hombres y 14 mujeres. Yo estuve en el primer consejo rector y se vota al presidente: un varón. Segundo consejo rector, se vota presidencia: dos varones. Tercer consejo rector: tres varones. Después ya tuvimos la primera presidenta, pero es que eran siete y nosotras catorce. Algo está pasando ahí.

Creo que nosotras tenemos una visión de la vida en la que no queremos, o no podemos, invertir tanto porcentaje de nuestro tiempo y de nuestro esfuerzo en labores del trabajo. Apostamos por otras cosas. Yo ahora estoy en el equipo directivo, pero tengo claro que, cuando acabe mi mandato, no tengo ninguna necesidad de poder. Me encanta el aula, trabajar con los chavales, y no necesito mandar. Pero me da la impresión de que los varones en general tienen esta necesidad de mandar, como si de repente se hincharan.

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«El 90% del patio del colegio sigue estando ocupado por los varones. Se hacen con el espacio y las chicas siguen estando exactamente igual que hace 30 años: alrededor del patio, en el espacio marginal»

Sin duda, como nos comentabas, son muchos los aspectos en los que todavía tenemos que continuar avanzando como sociedad en materia de igualdad. ¿Qué valoración harías de la actuación de las administraciones en cuestión de igualdad?

En Fuenlabrada, tenemos muchísima suerte porque tenemos una Concejalía de Igualdad y un centro que se llama “8 de marzo” en el que hay unas profesionales de quitarse el sombrero. Funciona de maravilla: organizan talleres, llegan a los institutos, tienen iniciativas para prevenir la violencia de género en los centros educativos, con los adolescentes, las primeras relaciones… Fenomenal. El Ayuntamiento de Fuenlabrada funciona fenomenal en ese aspecto.

«Las mujeres estamos hartas: de la brecha salarial, de los techos de cristal, de los macro o micromachismos…»

Debido al coronavirus, muchas de estas iniciativas y actividades se han tenido que trasladar al formato digital. ¿Cómo estás viendo esa adaptación?

El contacto físico es tan importante, ver a la persona… Y si es importante para las personas adultas, para los adolescentes y para los niños aún más. Me da la impresión de que el mensaje les llega en un porcentaje infinitamente menor con las intervenciones en una pantalla. Cuando estamos en las aulas, son talleres muy vivos y muy activos. Cuando quieres hacer un taller con niños y niñas, es importante que se muevan, que cambien de sitio, que cojan un papel… Y todo esto detrás de una pantalla es muy difícil.

En tu trabajo como profesora, tratas a diario con los jóvenes que darán forma a nuestra sociedad del futuro. ¿Crees que en las nuevas generaciones se van superando los estereotipos y la discriminación de género? ¿Cómo verías la creación de una asignatura enfocada a este propósito?

Me encantaría. Me parece que es una de las asignaturas pendientes que tiene el sistema educativo. Pero además es importante la persona que dé dicha asignatura, no vale cualquiera. Si es un tema de actitud, si es un tema de valores, tienen que ser personas que tengan esos valores que se quieren transmitir. Quiero decir, lo veo necesario.

«Donde más apertura veo es respecto al tema de la orientación sexual»

Luego, sí que noto algunos cambios. Llevo desde que abrimos este colegio en 1986 haciendo educación sexual con los chicos y las chicas. Donde veo más apertura es respecto al tema de la orientación sexual, es decir, de plantearse: “¿qué me gusta? ¿Me gustan los chicos? ¿Me gustan las chicas?”. Ahí noto muchísimos cambios. Hace años nos contaban que había un 17% de personas homosexuales en las aulas y yo me preguntaba: “¿dónde están?”. Ahora, por ejemplo, hay una chica en cuarto de la ESO con la que estamos trabajando desde primero que es declaradamente lesbiana, que está muy empoderada y lo tiene clarísimo. Y hay un respeto absoluto en su clase con este tema. Su pareja es otro alumno que está en proceso de transformación de chica a chico. También tenemos otra alumna en primero de la ESO que está empezando a hablar de su orientación sexual y, tras plantearlo el consejo de orientación, he hablado con mis chicas mayores para ver si puedo contar con ellas para hablar con ella, apoyarla… Están encantadas de la vida y deseando ayudar. Ver todo este apoyo es maravilloso y sí he notado muchísimos cambios.

Mercedes Manzano Colegio Albanta Fuenlabrada
«Es un primor ver a los alumnos más pequeños que se están diciendo: ‘Marcos, súbete la mascarilla que se te ve la nariz'»

Desde el Colegio Albanta, ¿cómo se trabaja con los alumnos y alumnas para transmitirles estos valores de igualdad de género?

Yo tuve un profesor de universidad que nos contó cómo le mandaban a un colegio y le decían “tienes que dar lengua” y terminaba dando tecnología. Le mandaban a otro colegio para dar matemáticas y ¿qué terminaba dando? Pues tecnología. “Es que no sé hacer otra cosa”, nos contaba el hombre. Y a mí me pasa eso con la educación afectivo-sexual. Y lo hago, lo primero, porque me lo piden ellos. Saben que conmigo se puede hablar de este tema. Una de las ventajas de que seamos un colegio concertado es que tenemos una plantilla muy fija y terminamos siendo como sus tíos. Los conocemos desde que tenían tres años y, claro, cuando tienen quince… Se genera una confianza especial.

Cuando he hecho sesiones de educación afectivo-sexual con las familias, me suelen decir los padres: “no, si mi hijo no tiene dudas, no tiene ninguna pregunta”. Y yo les digo: “voy a leer las preguntas como anónimas, pero que sepáis que estas son las preguntas que se están haciendo vuestros hijos”. Se quedan flipados y se dan cuenta de que no es que no tuvieran dudas, es que no se las querían preguntar a ellos.

«Si no intervenimos, dejamos que sea la pornografía la que haga la educación sexual; y la pornografía no es educación sexual, es pornografía»

Estas sesiones las hacemos desde quinto de primaria porque alguien le tiene que contar, por ejemplo, a ellas, qué es la menstruación y que si lo que ven en sus braguitas es marrón y no rojo que no se asusten, que no pasa nada. O a los chicos que si miran y tienen un testículo más bajo o un poquito más gordo que el otro, que no se asusten, que tampoco pasa nada. Alguien tiene que contárselo. Si pensamos en la educación sexual que hemos recibido nosotros, piensas: “si alguien me hubiera contado esto, qué mal rato me hubiera ahorrado…”. Hay que dar respuestas a todos esos “¿por qué me pasa esto?”.

Un dato que hemos conocido recientemente es que, entre los jóvenes, aunque se ve una tendencia hacia la baja en violencia de género, se está produciendo un aumento en las agresiones sexuales entre jóvenes. ¿Cómo crees que se podría abordar esta circunstancia desde la educación?

Siempre hacemos educación sexual, intervengamos o no intervengamos. Si intervenimos, hacemos una educación sexual saludable, normalizada. Si no intervenimos, dejamos que sea la pornografía la que haga la educación sexual, y la pornografía no es educación sexual, es pornografía. Que, además, está orientada en su mayoría a los varones y el papel de la mujer es… en fin. Nosotras también tenemos nuestras fantasías sexuales y estaría fenomenal que alguien las cogiera e hiciera pornografía para nosotras.

Entonces, en la pornografía se dan muchas imágenes en las que son todos contra una y, luego, tenemos las violaciones en manada y este tipo de cosas, como lo de: “te dice que no, pero te está diciendo que sí”. ¿Qué es eso? Cuando digo “que no” es “que no”, cuando digo “que sí” es “que sí” y cuando digo “a lo mejor” es “a lo mejor”. Todo esto tiene que ver con la pornografía y con que los chavales tengan un uso libre de internet desde que son muy pequeños, siendo esa la educación sexual que reciben.

Por eso, es realmente importante que la educación afectivo-sexual entre en las aulas. Cuando vamos a hacer un taller o una intervención, abrimos un buzón donde cada uno puede anónimamente plantear sus dudas y después trabajamos a partir de ahí en el taller.

Mercedes Manzano Colegio Albanta Fuenlabrada
«En sesiones de educación afectivo-sexual con las familias, me suelen decir: “no, si mi hijo no tiene dudas, no tiene ninguna pregunta”. Y yo les digo: “voy a leer las preguntas como anónimas, pero que sepáis que estas son las preguntas que se están haciendo”»

Últimamente estamos viviendo unos acontecimientos excepcionalmente difíciles: Filomena, la crisis social y económica o el coronavirus, del que ya se habla de una cuarta ola… Ya sabes cómo funciona lo de poner nombre a las tempestades. Si viniera otro fenómeno meteorológico arrollador, ¿cómo lo llamarías?

Le pondría «Filomeno». Lo de que las tormentas tengan nombre de mujer me parece ya lo más. ¿Sabes qué pasa? Filomena es un nombre que me gusta mucho porque mi padre siempre me llamaba Filomena. Pero me toca las narices que tenga que ser un nombre de chica. ¿Por qué un nombre de mujer? Son esas pequeñas cositas. Y me encanta que mi hija, una adolescente, se dé cuenta y me diga: “Filomena, ¿no? Tenía que ser nombre de chica”. Y yo le digo: “Ya, cariño. Bueno, nosotros podemos llamarlo Filomeno si nos da la gana”.

«La igualdad no es un problema de las mujeres, sino una de las grandes metas de la sociedad»

Para finalizar, como sabes, nuestros periódicos son leídos diariamente en la Comunidad de Madrid, Ciudad Real y Sevilla. ¿Qué mensaje te gustaría lanzar a nuestros lectores y lectoras?

No creo mucho en los mensajes, me parece que no llegan. La intervención tiene que ser más directa. Las cosas que yo transmito les llegan a los chicos y a las chicas con las que trabajo porque me quieren, no porque haya un cartel colgado. Justamente, estoy leyendo un cartel que puse en la puerta de mi despacho por el 8M del año pasado que dice: “La igualdad no es un problema de las mujeres, sino una de las grandes metas de la sociedad”. Esa podría ser una buena frase.

Hay un vídeo en el que esto se ve muy claro. En él, se ve cómo un niño y una niña entran en un espacio donde hay muchas pelotas tiradas por el suelo y les piden que las recojan en dos botes de cristal. Llega un momento en el que ya las han guardado todas, han participado, han colaborado, y cada uno tiene su bote lleno. Entonces, al niño le dan una bolsa de chucherías completamente llena y, a la niña, le dan una bolsa de chuches con menos de la mitad. Claro, cada uno se queda mirando la bolsa de chucherías del otro preguntándose: “¿por qué?”. Esa es la primera pregunta. Y la segunda es: a ti, varón, que te han dado el doble por hacer exactamente lo mismo, ¿qué decides hacer con tus chuches? Porque hay cosas que son de la sociedad, pero hay cosas que son tuyas como varón. Entonces, ponemos este vídeo en clase y se les pregunta a los alumnos: “¿qué os parece esto?”. “Pues que es una injusticia”, responden. Efectivamente, es una injusticia desde todos los puntos de vista, independientemente del sexo que tengas.