Nina Menkes desvela, plano a plano, cómo Hollywood ha alentado la misoginia

Imagen del documental de Nina Menkes "Brainwashed", facilitadas por la distribuidora Avalon. EFE/AVALON/Hugo Wong/  ***SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)***

Madrid, 6 nov (EFE).- La misoginia y la cultura de la violación han tenido en el cine de Hollywood su mejor aliado durante décadas, según el documental «Brainwashed», de Nina Menkes, que evidencia el sesgo de género del lenguaje cinematográfico a través del análisis de 175 extractos de películas consideradas clásicas o de culto.

Han pasado más de cuatro décadas desde de que la británica Laura Mulvey denunciara por primera vez el dominio de la mirada masculina en el cine en su ensayo «Placer Visual y Cine Narrativo» (1975), pero Menkes va más allá al desmenuzar, paso a paso, el diseño de los planos y ponerlo en relación directa con la discriminación de la mujer y los casos de abusos sexuales destapados por el #metoo.

Nadie escapa de esa mirada sesgada que parece anclada en el subconsciente colectivo, ni Scorsese, ni David Lynch, ni Tarantino ni Kubrick, ni Paul Thomas Anderson, pero tampoco Julia Ducournau ni Sophia Coppola. Y precisamente el hecho de que se trate de algunas de las mejores películas de la historia del cine ha hecho aún más difícil la posibilidad de cuestionarlas.

El documental de Menkes se basa en su conferencia «Sexo y poder: el lenguaje visual del cine», que intercala con extractos de películas estrenadas entre 1896 y 2020 y con entrevistas a directoras como Joey Soloway, Julie Dash, Eliza Hittman o la propia Laura Mulvey.

El lavado de cerebro al que alude el título comienza en la composición de los planos. Menkes analiza quién es el sujeto y quién el objeto de deseo y la dinámica de poder que eso acarrea, pero también las diferencias a la hora de encuadrar a la mujer y al hombre, de mover la cámara o de iluminar.

El análisis desvela que la diferenciación de género es sistemática: el cuerpo de la mujer aparece fragmentado, el del hombre nunca; la cámara lenta se utiliza para realzar la sexualización en el caso de la mujer, mientras que en el hombre se ralentizan las escenas de acción.

Los ejemplos son infinitos: desde la presentación del personaje de Vicky en «Toro salvaje» en la que se le niega la voz a ella, a la cosificación del cuerpo femenino en «Metrópolis» de Fritz Lang, en «Vértigo» de Hitchcock o en «Apocalypse Now» de Coppola.

Tampoco habla, pero se le da muy bien escuchar, según dice ella misma, la Jane (Natasha Kinski) de «Paris Texas» con su jersey de angora. La iluminación -contrastada para ellos, suave para ellas- y la ambigüedad espacial tienden a reforzar la presentación de las mujeres como fantasías masculinas, subraya Menkes.

«Blade Runner» y nada menos que Harrison Ford y Sean Young ofrecen un ejemplo aplastante de cómo se «glamuriza» la agresión sexual y se fomenta la cultura de la violación: él se acerca a ella, ella le rechaza, él insiste, ella cede y, finalmente, se alegra de ello.

Ejemplos similares se pueden encontrar en un amplio abanico de filmes, desde «Lo que el viento se llevó» o «El cartero siempre llama dos veces» a «Sólo Dios perdona» o «365 días», una de las películas más vistas en Netflix en 2020.

Ni siquiera cuando las mujeres son protagonistas se salvan de la cosificación. «Carrie» (1976) de Brian Palma arranca con una escena donde se observa que la protagonista sufre acoso de sus compañeras de juego de voleibol; en la escena siguiente, en la ducha, la cámara se recrea en su cuerpo fragmentado y desnudo desde un punto de vista que claramente no es el suyo.

Tampoco las superheroínas se escapan de esa mirada que Menkes llama «depredadora»: Wonder Woman (Gal Gadot) camina como si desfilara por una pasarela y la Viuda Negra (Scarlett Johansson) es repasada estratégicamente por la cámara una y otra vez.

Ni siquiera la presencia de una mujer detrás de las cámaras garantiza una mirada diferente, como demuestra la presentación del personaje de nuevo de Scarlett Johansson en «Lost in Translation», dirigida por Sophia Coppola, a través de su trasero, mientras que en paralelo vemos a Bill Murray arrugado, pensativo y humanizado.

Hasta tal punto está arraigada en el subconsciente colectivo la sexualización de la mujer que incluso una película concebida para denunciarla cae en las mismas trampas formales, como ocurre con «El escándalo» («Bombshell») sobre un grupo de mujeres que plantaron cara al acoso que sufrían por parte del jefe de Fox News.

Con su análisis del lenguaje fílmico, Menkes desmonta la creencia a veces esgrimida en defensa del ‘status quo’ de que el realzamiento de su belleza femenina otorga poder y apunta, muy al contrario, a que el lenguaje del cine fomenta «el autodesprecio y la inseguridad» en las mujeres.

La película, que acaba de aterrizar esta semana en los cines de varias ciudades españolas, es una invitación a «despertar de la hipnosis».

Magdalena Tsanis