Padre Ángel: «Tenemos que tener esa solidaridad de compartir y repartir lo que hay»

Padre Ángel

Nos encontramos —a través de una videollamada— con el Padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz, para hablar sobre la crisis sanitaria que estamos atravesando y cómo se va a adaptar nuestra sociedad a la situación en los próximos meses.

Pregunta. Padre Ángel, fundador de Mensajeros por la Paz y toda una eminencia en su campo. ¿Cómo está usted viviendo a nivel personal este periodo excepcional causado por el COVID-19? ¿Y el confinamiento?

A nivel personal, muy preocupado. Muy roto porque nos han fallecido más de doscientas personas en las residencias. Quizás estos últimos días con una esperanza de que es verdad que entre todos salimos. Cuando digo entre todos, digo entre los poderes públicos y los poderes privados, que a veces se olvidan. Los poderes públicos no hacen otra cosa más que recordar que de esto solo se puede salir con el poder público, y no es cierto. Aquí tenemos que sumar y salir entre todos, sin duda alguna. Y, cuando digo los privados, digo también ustedes, los médicos, los sanitarios privados o los periódicos y periodistas que tampoco son de cadenas oficiales.

P. En el pasado, ante la crisis económica sufrida por este país, y con el fin de llegar a población en riesgo de exclusión social, inmigrantes, refugiados… crearon la Fundación Mensajeros de la Paz y el Banco solidario. En estos momentos, todos estamos viendo la llegada de una nueva crisis económica. ¿Cómo han gestionado el aumento de la petición de ayuda entre la población? ¿Qué previsiones hacen de cara al futuro?

Yo tengo muchos años, ochenta y muchos… ochenta y tres años. Cuando la crisis anterior, decía que yo había conocido aquellos comedores sociales donde nos daban la leche americana y donde las personas tenían que ir a estos sitos para poder comer. Y nunca creí que en nuestro país iba a suceder otra de tener que hacer comedores. Cuando fue la crisis económica, volvimos a hacer comedores, quitamos de nuestras oficinas tanto ordenador y tanto cacharro para poner mesas, platos y cazuelas.

Lo que no estaba tampoco previsto es que un día llegáramos, como estamos llegando en estos momentos, al punto en el que ya no solamente hay que hacer comedores, habrá que hacer roperos, habrá que hacer lugares para las personas que no tienen nada, que no tienen ni trabajo, que no tienen sueldo y que, quizás, con esos 300 o 400 euros para mantener a una familia con hijos no van a poder llegar. Ahí, tenemos que estar cerca de ellos.

Me alegró mucho no solo que el Papa Francisco hable de la solidaridad, sino que el otro día el mismo presidente del Gobierno dijo: “sin la solidaridad ya no hay futuro en estos momentos”. Y es verdad. Tenemos que tener esa solidaridad de compartir y repartir lo que hay. Por eso, yo me empeño una y otra vez en que hay que salir entre todos. Y cuando digo entre todos digo no solamente los poderes públicos, sino que ahí están las iglesias, ahí está Cáritas, ahí están tantas ONGs, tantos voluntarios, tantos vecinos que se dedican a hacer mascarillas o a subir al piso tercero para ayudar a la persona mayor a que le lleven el pan o un poco de fruta.

P. En estos momentos, estamos viviendo una situación muy complicada a todos los niveles: sanitario, social, económico… Las muestras de solidaridad se están sucediendo en todos los ámbitos, como la hostelería con los menús solidarios de los hermanos Sandoval o la cultura, con artistas como Álvaro Benito que ha compuesto una canción para recaudar fondos, que se canalizarán a través de Mensajeros de la Paz. En general, ¿cómo cree que está siendo la respuesta de las personas? ¿Y de las empresas?

Yo creo que es algo ejemplar, algo de lo que nos tenemos que sentir orgullosos y en lo que tenemos que seguir. Esta sociedad que tenemos es una sociedad rica en valores. Allá donde miremos, allá donde pidamos, allá donde se juntan cuatro o cinco mujeres que se ponen a hacer mascarillas para que puedan llegar a nuestras residencias… esta es nuestra sociedad. Una sociedad de la que nos tenemos que sentir orgullosos donde, no solamente nos habían dolido los problemas que había en China, sino que nos duele de una manera especial cuando nos ha tocado. Y nos duele cuando pensamos qué es lo que puede estar pasando en esos países de África a los que también seremos capaces de ayudar. Vamos a salir mucho mejores. Lo que digo yo es que hay que ser tonto para tener que pasar un cáncer, una enfermedad o una epidemia para ser más buenos, con lo fácil que nos era ser más buenos sin necesidad de haber tenido que llegar a esto.

Padre ÁngelP. En 2016 abrió el restaurante Robin Hood, que tiene la particularidad de ser un establecimiento normal durante el día pero que, a partir de las siete de la tarde, ofrece cena gratuita a personas desfavorecidas. ¿Cómo se ha adaptado este proyecto a las restricciones del Estado de Alarma para seguir cumpliendo con su misión?

Lo hacemos ahora solamente una vez a la semana, los lunes. Por la mañana vienen y les damos una bolsa para que tengan para toda la semana, poder comer o poder tomar algo. Más de 300 personas vienen a buscar esa bolsa para la semana. Yo creo que dentro de poco vamos a poder darles un cocido caliente y un café caliente ya casi todos los días.

En esas restricciones en las que pronto van a poder salir los niños, yo creo que también podrán salir las personas sin hogar, sin techo, que puedan ir a tomar un café allí donde se lo den o puedan ir a cargar el teléfono, que es uno de los problemas más graves que tienen. Más de 700 han pasado o están en la Iglesia de San Antón a los que yo intento llamar por teléfono y muchos de ellos no es que no tengan “saldo”, como dicen ellos, sino que no tienen batería para poder llamar. ¿Por qué? Porque en las calles no hay lugar donde enchufar los teléfonos.

P. Esta Semana Santa ha sido muy diferente en todos los aspectos. Desde la Iglesia de San Antón, gestionada por Mensajeros por la Paz desde 2015, han estado emitiendo online los oficios, el Vía Crucis y las misas diarias. ¿Cómo cree que las nuevas tecnologías pueden ayudar a las personas en momentos así?

Hoy, gracias a Dios, pero no en todas las familias, existen medios técnicos o wifi o posibilidad de seguir los acontecimientos. Pero, sin duda, en las iglesias cambiará también.

Es verdad -que no se me enfade nadie- que antes no había mucho aglomeramiento en las iglesias. En algunos casos había más 2 metros de separación entre uno y otro. ¿Cuántas misas había en las que estaban solo 4 o 5 personas? Sin embargo, en otras iglesias vamos a tener problemas porque estaban más juntos, compartiendo una manta, y eso no va a ser posible. Tenemos que buscar otros lugares. Sí ha de cambiar la manera de hacer los actos religiosos como van a cambiar la manera de hacer actos culturales o conferencias. Tenemos que prepararnos. La Iglesia, que ha sido pionera en obras sociales, pionera en libros, en escribir, los primeros manuscritos que existen han sido hechos por la Iglesia, nos hemos adormecido. Tenemos que levantarnos y ponernos a pensar.

Las iglesias -es muy curioso- en el siglo XVI muchas de ellas comenzaron a ser hospederías u hospitales para los peregrinos o la gente que había. Algunas de estas iglesias se convertirán sin duda en hospederías, en ser hospitales para los más pobres. Eso en el siglo XVI. Ojalá nuestras Iglesias sean lo que este Papa Francisco diga: hospitales de campaña.

Padre ÁngelP. Cuando comenzó la alarma social por el coronavirus, usted reaccionó ágilmente solicitando ayudas y recursos para proteger a las personas mayores. ¿Qué necesidades tienen en estos momentos y cómo podrían ayudarles desde los diferentes gobiernos? ¿Y una vez termine el confinamiento?

No hemos pedido ni calidad de vida, ni tan siquiera cosas muy normales, pedíamos salvar vidas. He estado en terremotos y en guerras donde íbamos a salvar lo poco que quedaba. Aquí en España nuestra prioridad era salvar vidas, evitar que se murieran más personas y pedíamos lo más elemental: mascarillas, test para poder separarnos los unos de los otros… Hoy lo prioritario es que la gente no se nos muera, es evitar que se muera la gente. Hoy no hay calidad de vida sin poder salvar vidas.

¿Qué va a ser nuestro futuro? Que puedan comer. Yo recuerdo a un presidente de América que, cuando tomaba posesión, decía: “yo me daría por contento (era en Brasil) si mis personas pudieran comer una vez al día”. Yo en España hoy me doy por contento con que las personas puedan comer. Fíjese lo que estoy diciendo. Primero era salvar vidas y ahora lo más importante es poder comer, que nuestros niños sigan estudiando, seguir jugando, quizá no con pelotas de las que se hinchan con una bomba sino de esas de trapo o de papel, como cuando yo era niño. Pero sí pido comer, poder estudiar, poder jugar.

P. Asimismo, Mensajeros por la Paz desarrolla una labor a nivel internacional en más de 50 países con diferentes proyectos de ayuda humanitaria, cooperación al desarrollo, ayuda social. ¿Cómo ha afectado esta situación a los proyectos internacionales de Mensajeros por la Paz? ¿Qué impresiones le transmiten desde el extranjero?

Son mensajes de ruptura, de lloro de fallecimientos. En las Iglesias que tenemos en México, en Jordania, en Roma, algunas de ellas todavía siguen abiertas. En otras, en países como Perú, Bolivia, o el mismo México donde ha comenzado otra vez, están esperanzados de que allí no llegue tan acuciante como aquí. Pero nos preocupan mucho esos países y, además, es muy difícil poder ayudarles desde aquí. Muchos de ellos no tienen para comer ningún día. Me contaba el de la Iglesia de nuestro hospital de campaña en México que tienen 600 personas a la puerta de la iglesia intentando pedir un trozo de pan o un poco de café.

P. Nuestra vida diaria y nuestras rutinas se han visto totalmente alteradas durante este periodo de aislamiento. ¿En qué estado psicológico considera que va a estar la población para volver a la “normalidad”? ¿Cómo va a modificar nuestro día a día?

Intentando ser valientes y campeones y salir del bache en el que vamos a estar metidos. El hombre tiene capacidad para salir de las guerras, para salir de los baches, para salir de cuando una cosecha se le ha ido o cuando uno de los familiares se le ha muerto. Y más difícil es poder salir de haber perdido familiares, amigos. A nadie de nosotros, de los 47 millones de Españoles, se nos ha quedado alguien intocable. Por eso, tenemos que salir: los que creemos rezando y pidiéndole a Dios que nos ayude y, los que no creen, como dice el Papa Francisco, intentando seguir siendo buenas personas, que eso es exactamente igual que creer. Vamos a salir, somos capaces y tenemos resortes.

Quiero decir, a lo mejor no vamos a comer tres platos al día, pero vamos a comer un plato al día. A lo mejor no vamos a poder estar de excursiones o de vacaciones, pero vamos a poder estar con la familia, con los hijos. Vamos a ser capaces de salir y vamos a darle valor a aquello que antes no le habíamos dado tanto, que es a estar con la familia, a querer a los nuestros. ¿Cuánto daríamos muchos de nosotros no por una copa de coñac o un café, sino por darle un beso al nieto, al hijo, al amigo, abrazarle, estrecharle contra ti? ¿Cuánto dinero daríamos? Mucho más que ir de vacaciones a Benidorm o a cualquier sitio de esos.

P. Como sabe, los periódicos de “vivir Ediciones” son leídos diariamente por miles de personas. ¿Qué mensaje le gustaría lanzarles?

Yo no me atrevo a dar mensajes, yo prefiero más que me digas qué mensaje he aprendido yo en estos días. El mensaje que he aprendido yo estos días es que la solidaridad, a la que algunos llamamos caridad, otros justicia… He aprendido que cada vez somos más buenos, que ha salido de cada uno de nosotros lo más bondadoso. Hoy no sería nada extraño si vamos por la calle comiendo un plátano, le damos la mitad del plátano a alguien. No hay que ser santo, ni mártir. Tú vas por la calle con un plátano y ves a un niño o a una persona mayor y le dices “¿quieres la mitad?”. Esta es nuestra manera. Yo he aprendido el mensaje más a que dar mensajes.