21 de octubre de 2026. El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid ha aprobado hoy declarar la trashumancia Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de patrimonio inmaterial, reconociendo así un fenómeno social y cultural que ha modelado profundamente la forma de vida de los pastores y sus familias durante siglos. Según la nota de prensa oficial, esta actividad de naturaleza itinerante ha dejado una huella indeleble en el patrimonio arquitectónico, cultural, etnográfico y paisajístico regional.
Una práctica ancestral que marcó territorios y culturas
La trashumancia constituye el movimiento estacional de ganado ovino, caprino y vacuno entre diferentes ecosistemas, un desplazamiento continuo en busca de condiciones climáticas mejores y pastos más favorables. Tal y como indica la Comunidad de Madrid en su nota de prensa, en el año 2023 la UNESCO incluyó esta práctica en la lista representativa del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, lo que ha motivado esta declaración regional complementaria.
Esta actividad ganadera no fue simplemente una forma de subsistencia, sino que generó un complejo sistema cultural que explica el uso histórico del territorio madrileño y fomentó las relaciones sociales entre comunidades. La trashumancia dio lugar a la formación de rutas de comunicación que atraviesan la región, conformando lo que se conoce como la red de vías pecuarias, que incluyen cañadas reales, cordeles, veredas y coladas.
Las cuatro grandes cañadas reales de Madrid
La Comunidad de Madrid cuenta con cuatro grandes cañadas reales que vertebran el territorio regional según la información oficial:
- Cañada Real Segoviana: recorre el territorio regional de norte a sur, siendo una de las más destacadas
- Cañada Real Leonesa Oriental: constituye otro eje fundamental de las rutas ganaderas
- Cañada Real Soriana Oriental: completa la red de grandes vías pecuarias
- Cañada Real Galiana: cierra el sistema de grandes rutas ganaderas madrileñas
Además de estas cañadas principales, existen otras vías de importancia considerable. El Cordel del Puente de San Fernando a El Pardo, la Vereda de la Canaleja, la Vereda de la Soledad y las coladas y descansaderos de la Sierra de Guadarrama completan una red que ha facilitado tradicionalmente los intercambios económicos y culturales entre diferentes zonas de la región y más allá de sus límites.
Vestigios arquitectónicos de una práctica milenaria
La trashumancia ha dejado un legado arquitectónico notable en todo el territorio regional. Según la nota de prensa oficial, algunos de los vestigios más significativos incluyen chozos, tinados y casetas destinadas al refugio de pastores, así como corrales, majadas, apriscos y toriles, donde se resguardaba al ganado durante sus desplazamientos estacionales.
Estas construcciones no fueron edificios efímeros, sino infraestructuras pensadas para perdurar y facilitar una actividad que requería de refugios seguros y espacios de resguardo tanto para humanos como para animales. La presencia de estas estructuras en el paisaje madrileño constituye un testimonio arquitectónico de los siglos de actividad ganadera trashumante.
Herramientas, rituales y tradiciones vivas
Más allá de las construcciones, la trashumancia dejó su impronta en la cultura material de los pueblos madrileños. Según la información oficial, destacan herramientas como el cayado, gancho o garrote para manejar el ganado, así como calderos de hierro, fiambreras, punzones o tajos de madera para el uso doméstico de los pastores. Estos objetos conforman un conjunto de vestigios que ilustran la vida cotidiana de las comunidades pastorales.
La presencia de la trashumancia es particularmente notable en los rituales festivos y religiosos de los pueblos madrileños, que mantienen viva la memoria de esta práctica ancestral. Ejemplos significativos incluyen la fiesta de las vaquillas de Pedrezuela, Colmenar Viejo y Navalafuente; las cencerradas de Valdemanco, La Hiruela y Robregordo, o la celebración de la Pastorela de Braojos, entre otras manifestaciones culturales que perpetúan la tradición.
La trashumancia en la actualidad
Aunque históricamente la trashumancia fue una práctica generalizada en toda la región, en la actualidad se desarrolla fundamentalmente en la Sierra Norte, Cuenca del Guadarrama y Cuenca Alta del Manzanares, según indica la Comunidad de Madrid. Estas zonas de montaña y altiplano mantienen las condiciones geográficas y climáticas que hacen posible esta actividad tradicional.
La declaración de BIC representa un reconocimiento institucional de la importancia histórica y cultural de la trashumancia, así como un compromiso con la preservación de esta manifestación cultural inmaterial que forma parte integral de la identidad madrileña.
Una práctica reconocida internacionalmente
Con esta declaración regional, la Comunidad de Madrid suma sus esfuerzos a nivel internacional al reconocimiento ya otorgado por la UNESCO en 2023, cuando incluyó la trashumancia en la lista representativa del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Esta doble protección, tanto a escala regional como mundial, subraya la relevancia cultural y etnográfica de una práctica que, aunque transformada por los cambios sociales y económicos, sigue siendo parte del patrimonio vivo de Madrid.
La declaración como BIC constituye un paso significativo para garantizar la transmisión de conocimientos, tradiciones y valores asociados a la trashumancia a las generaciones futuras, consolidando así el reconocimiento de un fenómeno que ha definido la historia, la cultura y el paisaje de la Comunidad de Madrid.
Contenido elaborado con apoyo de IA a partir de fuentes verificadas.





