Nuestro Padre Jesús del Gran Poder es una de las imágenes más imponentes y destacadas de la Semana Santa de Sevilla. Sus orígenes se remontan al año 1620 y fue tallado por el imaginero cordobés Juan de Mesa, discípulo de Martínez Montañés. Procesiona por las calles de Sevilla durante la famosa ‘Madrugá’, periodo comprendido entre la madrugada del Jueves al Viernes Santo, junto a la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso. Desde que sale de su basílica, en la Plaza de San Lorenzo, hasta que regresa, un silencio arrollador envuelve al ‘Señor de Sevilla’, como popularmente es conocido, generando un ambiente sobrio y elegante. Existe una leyenda en torno a la talla del Gran Poder, ya desmentida, pero con parte de verdad.
Se dice que, en la década de 1960, el ex futbolista del Sevilla FC, Juan Araújo, se encontraba atravesando por una mala etapa debido a una dura enfermedad que agonizaba a su hijo. Araújo, rezaba día y noche ante Jesús del Gran Poder para que aquel niño se curara. Las súplicas no acabaron con la enfermedad y el hijo del futbolista acabó falleciendo. Juan Araújo perdió la fe y decidió no visitar nunca más a Jesús del Gran Poder. “¡Qué venga él a verme a mí!”.
Poco después, en 1965 se celebraron las Misiones, en las que las diferentes hermandades y cofradías de Sevilla se trasladaban a otros barrios de la ciudad en los que se instalaron centros de oración. En el caso del Gran Poder, el barrio hasta el que procesionar sería Nervión. Una vez allí, la lluvia cogió de imprevisto al cortejo, siendo obligados a buscar un refugio para las imágenes. El lugar más cercano era la Parroquia de la Inmaculada Concepción, donde se refugió la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso. ‘El Señor de Sevilla’ no podía acceder al interior por la altura de la cruz que portaba. Junto a aquel lugar, había un taller en el que la talla podría cobijarse. El dueño del taller, el mismo Juan Araújo, se encontraba en su interior cuando llamaron a la puerta. “¿Quién es?”. Al que respondió una voz: “El Gran Poder”.
La espectacularidad de la leyenda, de la que se han escrito incluso versos y composiciones, fue desmentida, en parte, por el propio Juan Araújo, alegando que a él nunca se le había muerto ningún hijo y que, de hecho, no se encontraba dentro del taller cuando el Gran Poder llegó, sino que él mismo se encontraba bajo las andas del paso y él decidió que la imagen se refugiara en su taller.
Se trata de una historia que nos hace reflexionar acerca de cómo un pueblo es capaz de agarrarse a la fe, recurriendo a la milagrería y la religión y, de cómo, el boca a boca configura, moldea y construye la historia, la cultura y la idiosincrasia de una ciudad tan llena de magia y misterio como Sevilla. La talla de Jesús del Gran Poder se puede visitar en la basílica que lleva su nombre, en la plaza de San Lorenzo, presidiendo el altar.
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