Santander, 7 feb (EFE).- Un estudio en la cueva de La Garma, que ha servido de modelo para el diseño de un protocolo de monitorización microbiológica y ambiental de cuevas de arte rupestre, ha determinado que la cavidad cántabra, que cuenta con restos y pinturas prehistóricas, no es adecuada para la explotación turística porque afectaría a su estado de conservación.
Investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) han participado en ese estudio reciente, publicado en la revista Journal of Enviromental Management, en el que describen un protocolo de monitorización de cuevas como medida preventiva para asegurar su conservación.
Esta cueva, declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 2008, permanece cerrada al público y solo es accesible para fines de investigación arqueológica.
Gracias a este protocolo y mediante el seguimiento de variables como el microclima, las partículas del aire y los microorganismos presentes en el ambiente, han determinado que la cueva de La Garma, empleada como modelo de estudio, no es adecuada para su explotación turística ya que afectaría a su estado de conservación, informan desde el MNCN-CSIC en un comunicado.
«Actividades como el turismo o las propias tareas de investigación pueden dañar de forma irreversible lugares de interés patrimonial como las cuevas con arte rupestre. Por eso, consideramos importante diseñar medidas preventivas que eviten dicho deterioro», ha explicado el investigador del MNCN Sergio Sánchez Moral.
La investigación se centró en la cueva de La Garma, un enclave de relevancia geológica, arqueológica y paleontológica, que alberga arte rupestre del Paleolítico y es única en el mundo, con un complejo arqueológico que abarca desde el Paleolítico inferior hasta la Edad Media.
Sánchez Moral ha señalado que la elección de La Garma «no fue fortuita» y ha destacado que se trata de un «tesoro del Patrimonio Mundial que merece una protección especial».
«Sellada naturalmente hace 16.000 años, ha conservado en perfecto estado el yacimiento arqueológico hasta su descubrimiento en 1995. El material incluye los restos de un campamento de cazadores que se extiende sobre más de 600 metros cuadrados, completamente intacto, y un conjunto de pinturas, grabados y relieves con más de 500 representaciones», ha indicado el investigador.
El trabajo de investigación incluyó la monitorización continua del microclima de la cavidad, la calidad del aire y las partículas en suspensión, así como el análisis de los microorganismos presentes en el aire y la simulación de visitas para observar cómo la entrada de visitantes podría afectar a la estabilidad de la cueva.
Los resultados, según ha apuntado la también investigadora del MNCN Tamara Martín Pozas, muestran que el tránsito de visitantes en algunas zonas de la cavidad produciría alteraciones de la temperatura y un notable aumento de las partículas en suspensión en el ambiente subterráneo, favoreciendo los procesos de condensación y corrosión y además la dispersión de bacterias hacia las zonas más internas que albergan el conjunto de arte rupestre y mobiliar más destacado.
«El protocolo diseñado e implementado en este estudio permitirá a los gestores de cavidades con arte rupestre o yacimientos arqueológicos tomar decisiones sobre la viabilidad de abrirlas al turismo. Como demuestra esta investigación, tomar medidas preventivas como las que aplicamos en este trabajo es una herramienta muy útil para la conservación del patrimonio», ha concluido la investigadora.



