Sorolla, entre el escultor Medardo Rosso y el fotógrafo Mathieu Pernot en Fundación Mapfre

Una mujer observa la obra "Nadadora, Jávea" (1905), del valenciano Joaquín Sorolla, que forma parte de la exposición "Los veranos de Sorolla "  presentada este lunes en la Fundación Mapfre de Madrid.EFE/ JJ.Guillen

Madrid, 19 sep (EFE).- Joaquín Sorolla «se cuela» en la Fundación Mapfre de Madrid con una delicada selección de obras que conmemoran el centenario de su fallecimiento, codo a codo con la obra viva (y en progresión) del fotógrafo francés Mathieu Pernot, y las del pionero de la escultura moderna Medardo Rosso, fallecido en 1928.

Una mujer visita la exposición "Mathieu Pernot. Documento/Monumento" presentada este lunes en la Fundación Mapfre de Madrid.EFE/ JJ.Guillen

Son tres exposiciones que el público podrá disfrutar en la misma visita entre el 22 de septiembre y el 7 de enero en la sede madrileña de la Fundación Mapfre, donde, por primera vez, su programación se abre a un tercer autor, en este caso el pintor valenciano Joaquín Sorolla, por la conmemoración del centenario de su fallecimiento, ha señalado Nadia Arroyo, directora de Cultura de Fundación Mapfre.

Exposición "Medardo Rosso. Pionero de la escultura moderna"  presentada este lunes en la Fundación Mapfre de Madrid.EFE/ JJ.Guillen

Una oportunidad de disfrutar de obras «muy poco vistas» de Sorolla, ha informado hoy en la presentación de las muestras la comisaria Casilda Ybarra, alguna de las cuales será un auténtico descubrimiento para muchos, como el estudio para «La vuelta de la pesca», de 1894, que abre la exposición «Los veranos de Sorolla».

Se trata de un puñado de obras que se centran en uno de los temas predilectos del pintor a lo largo de su carrera: las escenas de playa, esta vez centrado en el recién nacido «veraneo», en las costas mediterráneas y cantábrica, en total 40 obras, 15 de ellas, de mediano y gran formato.

Comisariada por Gloria Muore, la exposición del italiano Medardo Rosso descubre a un atrevido investigador de la luz y los materiales, de sorprendentes maneras para sus contemporáneos, como no colocar sus obras en pedestales, o trabajar el mismo modelo en diversos materiales que fluctúan o combinan yeso, bronce o acabados en cera, que otros usaban solo para los moldes.

La muestra recupera la memoria de este artista a través de más de trescientas obras entre esculturas, fotografías y dibujos, con las que se descubre con claridad hasta qué punto Rosso «tiene los conceptos muy claros» y su trabajo gira en torno a «la impresión que le producen determinados temas que le interesan en un momento concreto», ha dicho Muore.

El propio Pernot ha presentado «Documento/Monumento», la primera retrospectiva de su obra que se puede ver en España, desde sus comienzos siendo un estudiante, con su serie sobre boxeadores, hasta imágenes recién tomadas de los Gorgan, una familia de gitanos de Arlés que lleva treinta años retratando.

«Con su permiso», apunta el francés, que reconoce a EFE haber retirado alguna imagen de sus premiadas exposiciones por petición del fotografiado, sobre todo las que les lastimaban por la extrema pobreza que retrataban o cuando la imagen lo era de un dolor muy íntimo, desvela.

Pernot hace retratos como si hiciera reportajes de una obra teatral con sus modelos como dramáticos protagonistas en su día a día, casi siempre con la mirada fuera de campo.

Dividas en dos espacios diferentes, la familia Gorgan ocupa un lugar especial, arriba; en la planta de abajo, una serie de fotos que hizo en un viaje con su padre de origen libanés a Beirut tras la guerra civil, sus boxeadores, y fotos del museo de Palmira después de que el Daesh pasara por allí.

E historias de cárceles, gente que grita desde fuera para que les oigan sus familiares que están dentro, explica Pernot. Y un encargo de Mapfre, captar la ciudad de Melilla. «Llevo diez años retratando la inmigración e intento no sacar conclusiones», apunta el autor.

«Lo interesante del trabajo de un fotógrafo es hacer preguntas, pero no tiene que dar respuestas», considera, aunque reconoce que Melilla le creó una extraña sensación. «Como de estar en una cárcel, pero en el lado bueno, el espacio del que no se puede salir es el bueno», señala en perfecto castellano.

Victoria del Val, comisaria de su exposición, destaca de él su modo de mezclar imágenes sin pararse a mirar de dónde salen, de modo que «su trabajo -dice- plantea una reflexión profunda y permanente sobre el papel del fotógrafo y las diferentes funciones del medio fotográfico». EFE

aga/lml

(Foto) (Vídeo) (Audio)