
Madrid, 4 jun (EFE).- La Unión Europea «ha visto las orejas al lobo en cuanto a sequía» tras encadenar varios veranos de calor elevado y escasez de agua y ahora «entra más en la conversación» y la preocupación por la disponibilidad hídrica «gana peso en la agenda comunitaria», ha certificado este martes Josefina Maestu.
Esta economista de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid) y especialista en organizaciones y gobernanza de este recurso ha sido una de las principales ponentes en la jornada ‘Agua escasa, futuro posible: valor, economía y gobernanza hídrica’, organizada por el Instituto de la Ingeniería de España (IIE), la Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos (ANIA) y la Fundación Foro Agrario, con la colaboración de Grupo Tragsa y Cajamar.
Maestu ha señalado los cinco criterios empleados por la UE en este caso: robustez, redundancia, flexibilidad, transformabilidad y resiliencia social, todos orientados a garantizar agua limpia y asequible para toda la población asi como proteger y restaurar su ciclo e impulsar una economía inteligente alrededor de la misma.
En España
La estrategia europea de resiliencia hídrica, ha añadido, «no consiste solo en resistir, sino que implica adaptación y transformación», en la línea de lo llevado a cabo por España durante los últimos años.
De hecho, la robustez «presente en el modelo español» es esencial para «resistir escenarios cambiantes e impredecibles» que abarcan desde la variedad estacional hasta los episodios climáticos extremos.
Otro criterio presente, una auténtica «prueba de resiliencia», fue el apagón de abril del año pasado cuando fue posible mantener la normalidad del servicio de agua en casi todo el territorio gracias a la redundancia energética.
De todas formas, España «está muy expuesta en cuestiones hídricas» y la economista la considera «altamente vulnerable» ante daños, pérdidas o fallos derivados de factores relacionados con el agua «y además se enfrenta a una contaminación difusa creciente» y un estrés hídrico «muy elevado» en sus cuencas, pese a la actual disponibilidad en los embalses españoles.
Maestu ha augurado que «se avecinan cambios disruptivos» que implicarán «una alteración del ciclo del agua y de su disponibilidad» y exigirán al sector plantearse «nuevas formas de adaptación» ante un escenario «cada vez más incierto».
Reducir la contaminación por nutrientes, mejorar la capacidad de retención de agua en las ciudades, apostar por una agricultura sostenible y limitar las extracciones destinadas a centros de datos figuran entre las medidas que ha propuesto para mejorar la situación.
Más ponentes
Otro de los ponentes en esta jornada ha sido el presidente de la Fundación Foro Agrario, Fernando J. Burgaz, quien ha calificado el acceso al agua como “uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo”, no solo para la actividad agrícola, sino para “todos los ámbitos de la economía del país”.
En el mismo sentido se ha manifestado la presidenta de la Asociación Española de Desalación y Reutilización, Belén Gutiérrez, quien ha insistido en la necesidad de estudiar “cómo aumentar la disponibilidad sin aumentar la demanda ni perjudicar a unos sobre otros”, en un momento de sequías cada vez más frecuentes y prolongadas.
Gutiérrez, que defiende la desalación y la reutilización porque «permiten aliviar la presión sobre zonas sobreexplotadas como los acuíferos», ha recordado que España es “referente internacional” en esta materia.
En España, la Región de Murcia es un caso de éxito, con un nivel de reutilización del 98 %, y Barcelona pudo afrontar la prolongada sequía que afectó a Cataluña hace un año gracias a estas tecnologías.