Madrid, 7 sep (EFE).- La sueca Karin Smirnoff, continuadora de la saga de novelas «Millenium» creada por su fallecido compatriota Stieg Larsson, cree que, dado que la violencia contra las mujeres fue uno de sus temas principales, el autor pudo imaginar que en algún momento las mujeres se reunirían y dirían, «Hasta aquí hemos llegado, se acabó».
La escritora Karin Smirnoff (1965) ha presentado este jueves en Madrid la novela «Las garras del águila», séptimo título de la saga protagonizada por Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist y publicada en español por Destino en España, Latinoamérica y Estados Unidos.
Smirnoff fue seleccionada por los herederos de Larsson tras las tres escritas por David Lagercrantz, escritor y periodista sueco que aceptó el reto de continuar la saga «Millennium».
Fue en 2005 cuando se publicó «Los hombres que no amaban a las mujeres», de Stieg Larsson, que se completó en una trilogía negra y de crítica social que nunca llegó a ver publicada porque murió de un infarto en noviembre de 2004, con solo 50 años.
Una saga que ha sumado más de 105 millones de lectores en todo el mundo y en la que creó el personaje de Lisbeth Salander que se llegó a convertir en un icono de la denuncia de los abusos cometidos contra las mujeres.
«Han pasado muchas cosas desde que falleció Larsson y muchos han sido cambios positivos para las mujeres, con mayores niveles de igualdad salarial y de educación», ha indicado la escritora, que cree que aunque se ha recorrido «un camino largo, aún nos falta un largo camino por recorrer».
Y como la violencia contra las mujeres era uno de los temas principales que abordaba Larsson en sus novelas, Smirnoff piensa que el autor fallecido «en algún momento habría imaginado que las mujeres se reunirían y dirían: ‘Hasta aquí hemos llegado, se acabó'».
También las novelas que había escrito hasta ahora Smirnoff tienen como tema principal la violencia. Y considera que hay una diferencia entre la forma en que las mujeres abordan este asunto.
«No se trata solo de un hombre que le pega a una mujer, sino que tiene que ver con una serie de estructuras de poder; hoy en día la mayoría de los hombres están de acuerdo con que necesitamos mayores niveles de igualdad, de salarios, y muchos de ellos piensan que aportan en el hogar lo mismo que ellas, lo que no es el caso, pero lo que falta abordar es la lucha de poder que tiene que ver con la violencia que se ejerce contra las mujeres», indica.
La novela de Smirnoff, que transcurre en su tierra natal en el norte de Suecia, de donde también era originario el creador de la serie, denuncia también el «greenwashing», la explotación económica de la ecología y la polémica que rodea a la industria de las energías renovables.
Así, hay muchos intereses en juego en el norte de Suecia: tierras ricas en recursos naturales que son codiciadas por las multinacionales más poderosas bajo la excusa del ecologismo.
El norte del país se convierte así en un escenario en el que los protagonistas se enfrentan a una red de corrupción amparada en la explotación de energías renovables y combaten la violencia contra las mujeres, en medio de un ambiente político en el que asciende la ultraderecha.
Una industria en la que -ha denunciado su autora – hay empresas «que trabajan con políticos que se ponen la medalla» diciendo que aportan dinero y empleo en zonas como el norte de Suecia, pero que provocan con las minas que la gente originaria de la zona tenga de desplazarse y arruinan la naturaleza.
«Necesitamos las minas y la electricidad y muchas cosas para mantener nuestro estilo de vida. Mientras no dejemos de necesitar tanto podremos hablar mucho del cambio climático pero no haremos nada para detenerlo», recalca la escritora.
Smirnoff ha expresado también su miedo al auge de la extremismos ideológicos que usan métodos que no pueden formar parte de los sistemas democráticos. EFE
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